martes, 7 de agosto de 2018

CAPITALISMO ABSURDO Y HAPPY END


A: Las ayudas al cine es una desvirtuación del mercado es una intervención inaceptable del estado en un mercado que ha de regularse por sus propias leyes, esto es, la oferta y la demanda y a tomar por culo.
B: El cine no es un producto de mercado sin más, es un producto cultural y conforma, por decirlo asi, una suerte de identidad cultural propia de un país y que el estado debe proteger.

A: Y una mierda. No me vengas con chorradas, ni producto cultural ni pollas, esto es un negocio como la copa de un pino y si abres un negocio y no entra ni dios, cierras y punto.

B: Entonces si se hace una película con tres cuartas partes de la audiencia que Torrente...

A: Se joda, de haberlas, las ayudas del Estado deberían ir hacia aquellas que más se ven, como por ejemplo las de Torrente.

B: Pero no te das cuenta que con esa política de ayuda al cine, el cine español no existiría.

A: Pues mejor, para las mierdas que hacen de la puta guerra civil.

B: ¿Entonces tu propones que el mercado se regule solo, no es así?

A: Sí. La mano invisible, joder...

B: Respóndeme a otra pregunta ¿Qué es un mercado perfecto? eso lo debes dominar de puta madre como defensor del libre mercado y opositor al intervencionismo estatal.

A: Joder, un mercado perfecto es de primero de carrera: multitud de compradores para multitud de vendedores.

B. ¿Si sólo hubiera un vendedor, no habría mercado?

A. No sería un mercado perfecto, sería un monopolío, como los que te gustan a ti, comunista, ja, ja , ja.

B: Sí, sí. Pues eso es exactamente lo que ocurriría si se pone en marcha tu política ultraliberal y ultramercantilista. Si se eliminan las ayudas estatales al cine nacional, habría un sólo proveedor de cine en el mercado, por tanto, sólo un vendedor que haría con el mercado lo que le salga del nardo. En otras palabras un monopolio

A. Vete a la mierda, eso es absurdo.

B. No es absurdo, es la meta del capitalismo autofagocitarse, igual que ocurrió con el comunismo. Al final, el comunismo y el capitalismo van a resultar ser la misma mierda.

A. Eso no es así, el mercado...

B. Cállate ya, el mercado es una entelequia como los planes quinquenales de los soviéticos. Mierda de mercado que al final ha de llegar el Estado y meter tropecientos millones de euros porque el puto mercado libre nos lleva a todos a la mierda libre.

A. ¿Qué solución propones tú, la revolución?

B. Ni de coña, no propongo nada, lo único que sé es que en Ulan Bator ya hiela esta noche y que el verano se ha terminado, al igual que se termina tu mercado que no funciona. Dame un beso

PAREDES



Cuando derriban una casa, quedan a la vista de todo el mundo que por allí pase, las paredes de las habitaciones colindantes con las casas de al lado. Esto me parece un atentado contra la intimidad de primer orden, aunque quizá por eso, estas paredes me atraen y me subyugan de tal forma que me puedo pasar horas mirándolas. La de la foto, no es la más paradigmática de las que he visto, pero me gusta. Los chapados de los baños tendrían más atractivo, pero hasta esas cotas de intromisión no quiero llegar. En este sentido, he llegado a ver apliques de baño con un cepillo de dientes y todo. Y es que estas paredes, una vez retiradas sus tres hermanas, han quedado ahí, solas, al descubierto. Estas paredes que fueron la salvaguarda de la intimidad, ahora están a la vista de todos, suspendidas en el aire, sorprendidas por el sol y las miradas de los transeuntes que intentan ver lo que ellas han visto ¿Qué habrá visto esta pared? Quizá a alguien envejeciendo en un sofá viendo la tele, quiza habrá visto a un niño jugar y luego crecer y lo habrá visto fumar marihuana, lo habrá visto cómo le decía a su madre que era gay, habrá visto a una pareja hacer el amor, habrá visto quizá, hasta un asesinato ¿Qué ven esas paredes? Están ahí colgadas, como cristos olvidados a los que nadie reza ni confía ya su vida

THANKSGIVING

Omaha Beach (Normandía 2016)

Thanksgiving o como se traduce en castellano Día de Acción de Gracias. Así en castellano, suena religioso, como si fuera una especie de contrición espiritual con la consiguiente entonación de himnos varios. No. En el origen del Thanksgiving se encuentra la raíz de muchas cosas de los Estados Unidos, el do ut des, luego truncado por el salvajismo de unos cuantos, el vitalismo truncado por otros cuantos en estupidez. En resumen la alegría de estar aquí, juntos. Por eso, si bien es verdad, que el 4 de julio es materialmente el día nacional, Thanksgiving es el día del auténtico espíritu. Como cualquier letra de Withman o como los muchos americanos que murieron aquí defendiendo la República Española, como los chicos de 19 años que murieron en Normandía, con el único premio de contribuir a la libertad. Ese es el auténtico espíritu americano y no meter niños en jaulas. I'm not going to take your bull shit talk.

EUROVISIÓN 1965

Y salió del bar con su voz clavada en el cerebro, no sabía qué decía, pero entre los comentarios salaces de los del pueblo sobre aquella cosa que harían si la tuvieran cerca, pudo oír extrañas entonacionaciones que apenas tenían nada que ver con ese otro extraño idioma que hablaba el cura en las misas y que, en otro aspecto, también le desataba la curiosidad. Lo que decía la chica era diferente, su boca era diferente, las bocas que conocía bebían vino y eructaban, insultaban y escupían, esta boca no podía hacer esas cosas, esta boca sólo podía besar y soplar velas para dejar la habitación a oscuras para besar. Sí sólo soplar velas y besar. Con su voz y su boca caminó hasta la puerta de su casa y pensó que a él también le gustaría hacer esas cosas que decían los del bar que harían, pero que quizá le pediría que le cantara como lo había hecho esta noche, en el festival de Eurovisión. Mientras entraba en casa, un gato se precipitó al interior y escuchó la burra rebuznar en la cuadra y se preguntó qué significaría "pupé de cir" Por la mañana pensó que si Dios existía podrían pasar dos cosas: que hicieran un festival de Eurovisión en el pueblo para conocerla o bien, irse del pueblo. Sí, esto es más fácil, irse del pueblo.

EL ELEFANTE ENAMORADO DEL MILÍMETRO

(foto Valentina 2016, Milán)

A los profesores cuyo objeto de estudio no se enmarca en las llamadas ciencias positivas, se nos plantea la siguiente circunstancia: valoramos el trabajo de un alumno, evaluamos, llamémosle como queramos, el caso es que miramos un proyecto y emitimos un juicio valorativo. Así pues, existe digamos un artefacto visual (en el caso de diseño gráfico, aunque se puede aplicar a cualquier especialidad) y ante ese artefacto, se emite la evaluación. Resulta impecable, observación del artefacto y emisión de juicio valorativo, teniendo en cuenta los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio ¿Qué problema, o quizá oportunidad fascinante tenemos aquí? Si planteamos la cuestión así, desde luego ninguna. Pero, nada más que por enredar, imaginemos que el artefacto evaluado lo es de forma desfavorable, eso sí con los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio. El alumno, ante el juicio desfavorable, consulta con otro profesor, pide una segunda opinión y resulta que, con los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio, la valoración del artefacto esta vez, resulta favorable. Consecuencia de este, digamos choque de pareceres, es que el alumno entra en crisis, despotrica contra los profesores y piensa que el juicio desfavorable era un juicio emitido sin los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio y sí con muchos prejuicios. Esta historia les sonará a muchos, no es extraño que ocurra y seguirá ocurriendo siempre. Pero realmente ¿Esto es un problema? Ante una ciencia sin asideros positivos, sin números, sin magnitudes, sin mensurabilidad posible, resulta siempre mucho más difícil la evaluación. Una compañera profesora de proyectos se lamentaba de no haber estudiado Ciencias Exactas, así si un alumno le dice que dos y dos son cinco, simplemente se le suspende y a otra cosa. Pero, en nuestro objeto de estudio puede ser que dos y dos sean cinco. Es más, lo más probable es que sean cinco. Como vemos, el problema epistemológico, el ensimismamiento de nuestra disciplina, cada vez resulta menos problema y más una oportunidad. Así ante una ciencia como la nuestra, inconmensurable, se pueden adoptar dos posturas:

a)      Creación de un corpus analítico de mensurabilidad: algo parecido a lo que hace la Ciencia Económica, que pese a ser una ciencia social y por tanto, sujeta a vaivenes difícilmente previsibles, analiza con instrumentos numéricos los fenómenos propios del consumo, la oferta, etc. El problema de este corpus, en cierta forma prestado, es el perder de vista que los resultados de ese aparataje analítico, no son ni mucho menos comparables a los resultados que se obtienen  en el análisis de otros objetos de estudio susceptibles de análisis numérico, como por ejemplo los de las Ciencias Naturales. Pensemos, utilizando de nuevo la ciencia económica y sus curiosas peculiaridades, que para estudiar determinada variable económica, resulta imprescindible el ceteris paribus, es decir mantener constantes las demás variables que la influyen, en otras palabras, olvidarse de que una variable, en la ciencia social, no es constante, ni previsible, ni modulable por otras innumerables variables más. Ante este tipo de análisis, muchos pueden entender las causas de la crisis económica o aquello que se dice de que los economistas son los que mejor predicen el pasado. Cualquier economista nos replicaría y con razón, afirmando que los análisis económicos no son como un análisis de sangre. Esto es verdad, pero también es verdad que la utilización de instrumentos analíticos positivistas en el análisis de los comportamientos sociales, merece por lo menos una bonita y divertida discusión (destruir verdades universales siempre resulta excitante). Esta discusión se está produciendo efectivamente en muchos departamentos universitarios, pero esto ya no es problema nuestro, a no ser por su utilización como ejemplo. Así pues, ante la imposibilidad de la mensurabilidad, podemos hacer un simulacro de mensurabilidad positiva, es decir, imaginar que un proyecto se puede medir para su evaluación científica, positiva y sobre todo, intersubjetivamente certificable por todos los miembros de la comunidad científica, en este caso, los profesores.  Efectivamente sería muy confortable y nadie discutiría nuestras evaluaciones. Algunos profesores, ante la inestabilidad de nuestro objeto de estudio, así lo hacen y crean complicados cuadros en los que numéricamente se intenta sistematizar los elementos de juicio necesarios para la evaluación. Intento muy respetable, el problema es que, este profesor puede tener esa taxonomía valorativa y otro puede tener otra diferente e igualmente respetable y válida. Es decir, no está intersubjetivamente certificada. Así, el problema no es la taxonomía en sí, el problema es creer que con esa taxonomía de criterios, absolutamente subjetivos, hemos creado la “madre de todos los criterios de valoración de proyectos” y por otro lado, el choque de pareceres descrito más arriba podría producirse igual. Otra cosa sería que hiciéramos un congreso, simposio, reunión o terapia de grupo de profesores de artes plásticas para quedar de acuerdo en adoptar una taxonomía única de valoración. A mi juicio, llegar a un acuerdo sería absolutamente imposible y si llegáramos a un acuerdo la labor del profesor, no sólo sería aburrida, sino también totalmente prescindible. Por otro lado, esa supuesta taxonomía de consenso, no sería más que algo decidido por unos cuantos y no una adquisición natural, así pues, otros cuantos podrían derribarla y construir una nueva, por lo tanto no hemos solucionado nada y la inestabilidad epistemológica continua intacta. En otras palabras, no se trata de construir un palo de oro, guardarlo en una urna en París y proclamar a los cuatro vientos: “esto es un metro y lo que mida lo mismo que este palo de oro, mide un metro”. Desgraciadamente, para nuestra compañera matemática frustrada, nuestro problema resulta un tanto más complicado.

b)      No evaluar el artefacto sino el camino seguido para su construcción. Como primera providencia, afirmar que la postura “b” ante la inestabilidad científica, es tan complicada como el propio objeto de estudio que pretende evaluar; es poco confortable y sobre todo no es, de suyo, intersubjetivamente certificable, porque tampoco pretende serlo, en otras palabras, la postura “b” no es una receta de evaluación,  como las taxonomías un tanto carpetovetónicas, a la par, que inanes de la postura “a”. Además, por su propia naturaleza, no se puede compartir con otros profesores, no tiene vocación intersubjetiva. No se valora el artefacto final, por ello, las opiniones de otros miembros de la comunidad científica son opiniones sobre el artefacto, muy útiles y respetables, pero no producto de la evaluación. Eso sí, por lo menos, en su sólo aparente caos, se parece más al objeto que evalúa y sobretodo tiene una ventaja que se traslada no sólo a la evaluación, sino también al desarrollo de la labor docente y al desenvolvimiento general del alumno ante la disciplina. Esta ventaja principal es la eliminación de la necesidad de recetas, una plaga muy perniciosa para el desarrollo científico de nuestra disciplina: el recetario. Evidentemente, no estamos hablando aquí de la eliminación total de la creatividad que supuso los manuales de taller medievales, auténticos recetarios para la construcción de artefactos visuales, tan cerrados, que efectivamente daba igual quien construyera el artefacto ya que, por fuerza, tendrían que ser iguales. No estamos hablando de esto, pero algo sí que se parece. Los alumnos nos piden recetas ¿“cómo se hace esto, qué tengo que hacer para conseguir este efecto”? Son hombres y mujeres del siglo XXI, rápidos, y nosotros los profesores, hombres y mujeres del siglo pasado, intentamos darles las recetas y en la mayoría de las ocasiones, lo que hacemos es darles unas recetas más atentas a rellenar las taxonomías de la postura “a”, que al aprendizaje, es decir, no recetas para crear, sino para aprobar  en el bien entendido, que es para aprobar con nosotros y no con otro profesor que, con toda probabilidad, tendrá otras recetas. Así pues, los recetarios demandados por los hombres y mujeres del siglo XXI, no fomentan la creatividad, sino un anquilosamiento impropio del siglo XXI y sobre todo, impropio de nuestra disciplina que en su conformación como ciencia humana y social que es, no debe, ni puede, someterse a encasillamientos ni a las estrecheces de los recetarios. Debemos ser conscientes, aquí no hay nada establecido, en nuestro objeto de estudio, no hay ninguna adquisición natural, ninguna verdad universal, los manuales pueden indicar que, por ejemplo, la utilización de determinado color proporciona determinado efecto psicológico en el espectador, pero esto es así, porque así se ha decidido convencionalmente y no porque sea verdad y que muy probablemente utilizar ese mismo color, para poner en crisis esa supuesta verdad, es altamente recomendable. Esta es la actitud que nuestra labor docente debe suscitar, la crisis, el cuestionamiento, la discusión y el derribo conceptual de las convenciones; las recetas y la postura “a” fomentan todo lo contrario. Las verdades, si las hay, conviene desmentirlas, aunque sea nuestra verdad. Alguien dirá, sí, muy bonito pero ¿Entonces, qué hacer para evaluar, si no tenemos elementos de juicio, ni verdades, ni procedimientos ciertos? La respuesta es simple no evaluar. Esto sería genial, pero se propone por lo menos, no evaluar lo que normalmente evaluamos, esto es, el resultado final, el artefacto resultado de la aplicación de nuestras verdades, el trasto visual producto de nuestras taxonomías. Como postura radical, esto es, la mía, sería partidario ni de mirar el artefacto. Se trata de evaluar el camino, el trayecto que se ha seguido para fabricar el trasto y no el trasto en sí. Por lo tanto, ningún profesor o profesora, que no sea el profesor o profesora que ha acompañado al alumno o alumna en ese camino podría evaluar su trabajo, porque simplemente no lo ha acompañado y por lo tanto tendría que evaluar el artefacto y esto, a mi juicio, no es una evaluación, es una opinión, una opinión experta si se quiere, pero nada más. Podría pasar incluso, que un artefacto "a", que sobre la base de nuestros recetarios y taxonomías sea mejor que otro artefacto "b", obtenga menos nota. En principio, alguno pensará que esto sería un hecho escandaloso y que los alumnos protestarían porque el artefacto "a", era mejor que el artefacto "b".  Siempre intento evaluar con la postura “b” y jamás he tenido una queja de alumno alguno, diciendo que su artefacto, con perdón, es mejor que el del otro, porque desde el principio saben que el resultadismo, lo dejamos para el equipo de fútbol de nuestros amores, aquí se valora el regate, aunque no acabe en gol. Alguno podrá alegar también, que es una forma de evaluar muy alejada de la vida real, en el que el resultado es lo principal. Cierto, pero también hay una circunstancia que conviene señalar, no hay diseño más efectivo que aquel que nace del cuestionamiento propio y no de la aplicación de las normas de “toda la vida”. El artefacto que se extrae de ese cuestionamiento, es un artefacto visual que defenderemos con la mejor de nuestras técnicas de comunicación, es nuestro y sólo nuestro. Esto es infinitamente más práctico que la practicidad falaz que supone la aplicación de las recetas o, dejémonos de subterfugios,  la satisfacción del profesor de turno fabricando un artefacto de “su gusto”, de aquellos que creen que “su gusto” es “el gusto”;Se trata de evaluar un trayecto y no hay recetas, no hay taxonomías, no hay sistematización posible, se trata de avanzar, de parar, de dar pasos hacia atrás y de comenzar de nuevo, se trata, como decían los futuristas de derribar para construir. Debemos suscitar esa labor de derribo, proporcionar al alumno un buen mazo y cargarnos todo lo que se sostiene, porque muy probablemente no se sostiene y ya se encargará el propio alumno de equivocarse, es decir, de construir su propia verdad, pero esta vez con la conciencia de que no es una verdad universal, sino producto de su propio cuestionamiento.

INSTRAGRAM: ¿PARA QUÉ QUEREMOS MAS?

Decidió no representar nada en el que no se viera algo humano, ya sea directamente la figura humana o cualquier cosa hecha o que recordara la presencia de un hombre o una mujer. Es más, afirmó con rotundidad que la representación de paisajes y naturalezas muertas, como su propio nombre indica es algo muerto, una pérdida de tiempo. Así pues, Ansel Adams se convirtió en su paradigma inverso, en su ejemplo negativo. Pasó mucho tiempo antes de caer en la cuenta de que en algunas creencias prohiben lo que él le gustaba hacer; le gustaba pecar con fruición incluso de forma inconsciente. Se preguntó la razón y obtuvo más motivaciones a su negativa a representar paisajes. Descubrió que eso de que las representaciones roban el alma no es el motivo de ninguna creencia iconoclasta, es una razón de explorador etnocentrista con salacot y pantalones cortos y película de sobremesa. Así pues, investigó un poco más y descubrió que habían multitud de razones estéticas, incluso puede ser que fuera una razón ontológicamente estética. Entonces descubrió  la verdadera esencia del ser, en el sentido en el que Jack D. Ripper (no confundir con Jack The Ripper) la enunció frente a Mandrake, a saber: no discutamos si las representaciones son andamiajes retóricos al servicio de una  weltanschauung, eso está muy manido, mis queridos hermanos, discutamos ahora si su objeto es falso o es real. Preguntó retóricamente (sin interrogaciones): acaso dudáis de que la representación cosmogónica del mayor imperio sobre la tierra, esto es, Disney World, es más fidedigna, que los propios USA, como así lo entrevió nuestro nunca bien ponderado Baudrillard. Es más, acaso dudáis de que en realidad USA es un parque temático y Disney World es en realidad el verdadero estado y que nos marean con eso de la Pennsylvania Aveneu como centro neurálgico de las decisiones mundiales. Es falso, eso es lo que nos quieren hacer creer, el centro, la verdadera esencia Ripperiana, está en Orlando, Florida. Yuri Lotman, ya se mosqueó a mediados del siglo pasado y como heredero de un tradición iconódula ortodoxa y discípulo de Pavel Florensky, dijo que en los iconos existe la verdadera esencia del ser. Caminemos más allá y destrocemos este mundo de las apariencias, con las fotos y el Instagram tenemos bastante.

domingo, 8 de abril de 2018

WHY DO WE -CONTINUE- FIGHTING? : NO ESTABAN SOLOS



Al principio de la Segunda Guerra Mundial, la administración Roosevelt, acudió a la propaganda y cineastas tan reconocidos como Ford, Wyler, Houston, Stevens y Capra, literalmente se militarizaron para contribuir al esfuerzo de guerra. A los efectos de nuestro comentario, nos interesa el caso de Capra que junto al guionista A. Litvak (depurado de forma absurda años más tarde por el senador demente J. McCarthy y la histeria colectiva del anticomunismo de los años 50) crearon una serie de documentales que titularon Why we figth? Cuyo título hoy en día nos puede parecer obvio, pero que en aquella época resultaba muy certero y es que, una de las resistencia que la administración Roosevelt tuvo que vencer fue el aislacionismo totalmente mayoritario en la población norteamericana de la época momentos antes de Pearl Harbor. A la gente de la calle, había que explicarle por qué había que luchar, por qué era necesario detener el nazismo en Europa y el imperialismo japonés en el pacífico, ya que básicamente, sobre todo en el caso europeo, al americano medio le importaba un pimiento que los europeos se enzarzaran de nuevo a tiro limpio. La cuestión es ¿Qué se nos ha perdido ahí? ¿Por qué nuestros jóvenes deben morir en Europa otra vez? A esta postura, no tanto pacifista, como  no intervencionista en general, la historiografía clásica la ha denominado "aislacionismo", aunque realmente la idea no era permanecer aislados sino básicamente no intervenir en lo que se entendía como guerras ajenas. De ahí las dudas que se generan hoy en día sobre el receptor real del beneficio de Pearl Habor, ya que el 7 de diciembre de 1941, supuso para Roosevelt la razón definitiva, el casus belli perfecto para hacer de Estados Unidos un país metido de hoz y coz en el esfuerzo de guerra y vencer el aislacionismo de amplias capas de la población. Luchar a partir de una agresión en suelo estadounidense resulta más convincente que hacerlo porque unos tipos alemanes cabreados con pantalones de montar y bigotillos chaplinescos quisieran dominar Europa. Si nos fijamos a partir del famoso discurso de la infamia del Presidente Roosevelt ante el congreso, la propaganda estadounidense puso el acento en el denominado "pacto tripartito" dando por hecho la confluencia de intereses de Japón, Alemania e Italia. Luchar contra el agresor Japón era igual que hacerlo contra el agresor de los Europeos: Alemania y su aliado Italia. Se trataba de luchar por la libertad, que la Liberty Bell de la victoria resonara en el mundo entero como sonó el 8 de julio de 1776, convocando a los ciudadanos de Filadelfia a la lectura de la Declaración de la Independencia. Esta imagen la famosa Liberty Bell, auténtico icono de la libertad, la abolición de la esclavitud y la lucha por la independencia en los Estados Unidos fue utilizada por Capra y Litvak para terminar sus documentales, uniendo el destino de la libertad mundial a la victoria de los Estados Unidos en la guerra. La Segunda Guerra Mundial ya era nuestra guerra ¿Por qué luchamos? Por nosotros mismos y nuestra civilización. Dicho esto ¿Si  la locura nazi, el antisemitismo, la eliminación física del adversario político, los delirios expansionistas aparecen hoy en día como una mentalidad tan dañina, por qué los estadounidenses necesitaban tanta propaganda para entender que el tío gritón del bigotillo ridículo era un peligro, tanto para Europa como para ellos mismos? Porque básicamente no tenían muy claro que el nacionalsocialismo fuera algo malo. Sí, sabían que era antisemita, sí, sabían que habían masacrado a los comunistas alemanes, incluso a sus adversarios en su mismo partido, sí, sabían que había invadido Polonia, que se había anexionado Austria, Checoslovaquia y que probablemente iría a por Francia, sabían que Estados Unidos estaba recibiendo gente exiliada de Europa "recomendando la Gestapo a todo el mundo" (irónica despedida que firmo S. Freud al obligarle la Gestapo a redactar algo a favor, antes de dejarle salir de Viena al exilio). Todo eso ya se sabía, Charles Chaplin ya había estrenado The Great Dictator. Se sabía ¿Y qué? Analicemos este magma extraño en el que el nacionalsocialismo no sólo era no era despreciado, sino que incluso molaba.

Casi todos los documentales de la Segunda Guerra Mundial, incluso buena parte de la historiografía clásica, presenta el nacimiento, desarrollo y explosión del nazismo en la guerra como producto de cuatro flipados que confluyeron en determinado espacio-tiempo. En este sentido, ahora mismo se puede ver un documental en Netflix llamado Hitler's Circle of Evil, que abunda en esta visión: cuatro o cinco locos asesinos sedientos de poder y muy listos alrededor del demonio Hitler ¡¡¡Qué imagen más confortable!!! Presentar como  muy raro, muy excepcional y muy localizado algo que no era ni raro, ni excepcional ni sobre todo localizado. Alrededor de la aparición del nazismo se ha generado esta confortable patraña, eran cuatro locos. Y de eso, nada. De ahí el esfuerzo de Capra y Litvak, de Freud, de Chaplin. En otras palabras: no estaban solos. 

Centrémonos en Estados Unidos, sí en Estados Unidos, uno de los lugares donde el nazismo caló hondo. Si alguien lee esto, así de golpe, seguramente pensará que exagero. Pues no, el esfuerzo propagandístico de Capra y Litvak no era por afición, luchaban contra ideas concretas y personajes que abrazaron ideas muy cercanas al nazismo, cuando no directamente nazis y no eran cuatro iluminados. En uno de los documentales de Capra, se puede ver el Madison Square Garden lleno hasta los topes en un mitin del German American Bound, en el que, creando una imagen alucinante, las barras y estrellas y retratos de T. Jefferson conviven, con cruces gamadas.


Insisto no eran cuatro iluminados. Si analizamos los personajes más populares de los Estados Unidos de los años 30 quizá entendamos ciertas cosas. Nos vamos a centrar en un personaje de revista del corazón, uno del mundo de los negocios y un héroe nacional. Si habían tres personajes famosos y populares en los años 30 eran estos tres triunfadores, tres ganadores, tres ejemplos para todos y que en aquella época, no sólo eran conocidos, sino que eran adulados y admirados:

1.-Wallis Simpson: heroína del amor romántico que rescató con su atractivo de Pensilvania al mismo Rey de Inglaterra, teniendo que decidir entre ella o la misma corona. Ganó Simpson y el amor triunfó: ¡¡¡Qué bonito!!! Esta parejita tan maja, entre besos  y amor empalagoso, de vez en cuando viajaban a Berlín a entrevistarse con Adolf Hitler al cual admiraban y respetaban.  Es más, se sospecha de forma muy documentada que Hitler tenía previsto "reponer" en el trono a Eduardo VIII que tuvo que abandonar por amor. Aquí en la foto se le ve recibiendo los honores. 


Si había un pareja admirada no sólo en Estados Unidos sino en el mundo entero por elegir el amor por encima de todo eran Wallis Simpson y Eduardo VIII.

2.- Henry Ford. En este caso podríamos haber puesto a Rockefeller que también simpatizó con los nazis de forma abierta o al padre de JF Kennedy que los nazis les parecían la mar de recomendables y no de forma irónica como Freud. Elijo a Ford porque si hay un hombre que representa de forma teórica y práctica el triunfo del capitalismo ha sido Henry Ford que puso en práctica la división taylorista del trabajo y que ha sido fundamental en el desarrollo de la economía de mercado mundial. Piedra angular para la construcción del sistema de mercado. Además no sólo simpatizó, participó de forma activa y recibió importantes condecoraciones del III Reich ,como la Cruz del Águila (la más importante para un extranjero). Ford era un teórico y un práctico. Ayudo de forma entusiasta y de forma práctica al desarrollo industrial del III Reich suministrando material e ingenieros para el proyecto nazi del coche del pueblo, en alemán Volkswagen ¿Les suena? Así como en la creación de una fábrica de ensamblaje de piezas para la Wermacht. Ford no sólo se quedó ahí, apoyó de forma radical a Hitler para la consecución del poder en Alemania, es más, el único norteamericano que nombra de forma expresa en Mein Kampf es Henry Ford, que contribuyó además al delirio antisemita que posibilitó y justificó el Holocausto con su libro de esclarecedor título "El judío internacional el mayor problema mundial". Lo dicho, un teórico y práctico. Tan es así que Ford Werke AG en Alemania utilizó sin ningún problema mano de obra esclava. Ya lo decía el mismo Ford; el único problema cuando contrato dos brazos para la cadena de montaje es que vienen acompañadas de un cerebro. Claro, si son esclavos de razas inferiores es mucho más llevadero.

3.- Charles Lindbergh. Si había un personaje popular en los años 30 era Charles Lindbergh, auténtico héroe americano, además de ser el primer hombre en cruzar el atlántico en avión, la prensa generó alrededor suyo un halo de glamour alucinante. Lindbergh o Lindy, como le llamaban de forma familiar y cariñosa fue calificado como el yerno perfecto, el novio ideal para nuestra hija. La circunstancia del secuestro y cruel asesinato de su hijo pequeño (apenas un bebe) lo convirtió además en un personaje no sólo admirado por su proeza, sino por su capacidad de sobreponerse al sufrimiento atroz que supone la pérdida de un hijo. Un ejemplo en toda regla. Pues bien. Este señor además de todas estas bondades y tras un viaje a Alemania en la que conoció al Fürher y a Göring, cayó rendido a sus pies y se convirtió en uno de los partidarios de Hitler más activos. Se mostró en público a favor del antisemitismo nazi y sobre todo de la eugenesia, es decir, la aplicación de la genética y las leyes biológicas en general para el mejoramiento de la raza. Tal cual. Además participó de forma muy activa en los mitines del America First Comitee, mira, este nombre también me suena. Esta asociación se dedicó a vilipendiar a Roosevelt por involucrar a Estados Unidos en la lucha contra el nazismo. Se pensó en Lindgbergh como presidenciable. Era realmente una estrella rutilante de la América de los 30.

Para más información sobre Ford y Lindy y sus ideas abiertamente nazis, aconsejo el libro de Max Wallace The American Axix: Henry Ford, Charles Lindbergh, and the Rise of the Third Reich.

En suma, no estaban solos, no eran cinco colgados con bonitos uniformes diseñados por Hugo Boss. Eran muchos. No estaban solos, porque portaban unas fáciles soluciones a problemas muy complicados y que realmente atormentaban a la Europa de entreguerras y eso atrae mucho. Así pues, cuidado con dialécticas muy parecidas y tan confortables como, la culpa la tienen los extraños, el diseño de nuestra sociedad es perfecta, son estas excrecencias que le salen las que perturban la felicidad de nuestra raza, porque ahí, aunque el diseño del traje de Hugo Boss, sea diferente, no deja de ser de Hugo Boss, no sé si me explico. Aquí ya no estamos hablando de historia. 

Es verdad que al final de la guerra, no quedaban muchos y los que quedaban se ocultaban o juraban y perjuraban que su papel en el nazismo fue insignificante. Es más, muchos se incorporaron como si tal cosa al "nuevo orden". Estos que, de forma vergonzante, se ocultaron e incluso después desarrollaron sistemas que habían empezado a crear con mano de obra esclava, como Von Braun, por ejemplo o la cineasta más sobrevalorada de la historia Leni Riefenstalh, se han inventado diversas leyendas para justificarse, la más absurda y curiosamente la que más éxito ha tenido es que Hitler los hipnotizó y no sabían lo que hacían, no eran ellos y un montón de estupideces similares. Otra técnica es la que podríamos denominar la "gran mentira francesa" por la cual, a tenor de lo que se ve en los documentales o lo que dicen muchos, el 99,9% de los franceses eran de la resistencia. La "gran mentira francesa" se puede aplicar a prácticamente todos los países ocupados, en los que el nazismo encontró más colaboración que resistencia, quizá la única excepción sea Polonia (tenían experiencia). En otras palabras, los trenes más llenos hacia Birkenau, salían de Francia, primero con judios de toda Europa que fueron a refugiarse a Francia, pero luego con franceses disidentes, franceses judios, franceses gitanos, es decir, franceses. Probablemente esta es la razón, tan peligrosa, por la cual se ha generado esta imagen, totalmente falsa y absurda, de que los nazis eran cuatro gatos hipnotizadores y es que La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto (Joseph Goebbels). Pongamos unos ejemplos más:

a) America great again

b) España nos roba, Europa nos roba, los judíos nos roban... (aplíquese a cualquiera)

d) Los inmigrantes nos quitan el trabajo

c) Los catalanes quieren romper España

d) Los refugiados sirios vienen a islamizar Europa

e) El holocausto es falso

f) El fascismo y el nazismo no se pueden volver repetir.

Cuidado...